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Mostrando las entradas de diciembre, 2005
Los relámpagos se ven, rompen el aire y después se escuchan, porque lo que se oye camina más despacio, 5 segundos por milla, si ves el relámpago y 10 segundos después escuchas el trueno es que estas a 10 millas de distancia del lugar donde cayó el rayo. Sin embargo me dan miedo ambas cosas, como si no fueran lo mismo. Como temerte a ti y a tu sombra o tu voz y su eco.
Los días pasan en fila, se forman uno tras otro como palabras en ciertas oraciones
toman distancia - (la punta de los dedos en el hombro)
marcan el paso, simulan que avanzan, como esta sucesión de silabas solo pretenden.
Son las 10 am, sábado por la mañana, no trabajo, no tengo que estudiar. Escribo.

¿A estas horas, María tendría contracciones. Se le habrá roto la fuente para las diez de la mañana?

Mi lista de regalos son: Vale por un regalo el día de año nuevo. (Asi aprovecho las ventas posnavideñas)

Tengo que admitir que navidad no es mi fecha favorita, mi fecha favorita podría ser mi cumpleaños pero creo que es año nuevo.

Cuando estaba chico, huuyyyy allá por los años en que He-Man en su estado pacifista no me parecía gay, en los años en que el juego de Nintendo Contra no tenía ninguna connotación intervencionista, (reto: pasarlo primero con las treinta vidas que te daba la clave secreta: up up down down left right left right b a select star, después con las 3 vidas que te daba y 3 continues, luego sin continues y luego con una sola vida, yes it was my favorite game, de ahí, y de algunas canciones fue que terminé de latinoamericanista) vuelvo al tema, en esos días de infancia tormentosa por gordito, (a…
para navidad quiero pinzas. me faltan pinzas.
quiero tambien una resortera profesional.
Para “el Rober”

De Heberto Padilla

Vamonos, cuervo

y ahora,
Vamonos, cuervo, no a fecundar la cuerva
que ha parido
y llena el mundo de alas negras.
Vamonos a buscar sobre los rascacielos
El hilo roto
de la cometa de mis niños
que se enredó en el trípode viejo del artillero.
Tu lugar


Sé que ahora vives por donde un puente largo se hace camino.
Los aviones surcan el parabrisas, desaparecen sobre el techo.
Sé también que tus vecinos son más viejos que la estrella que contemplas.

Ahí, en tu lugar, café y soledad en vasitos de foam;
máquina de monedas que ilumina los escalones de tu departamento.
Al lado, la pequeña lavandería:
gente que vuelve a estar sola cincuenta años después
olor a ropa limpia
contacto de blusa tibia.

Una señora descansa su canasta junto a la tuya.
Te habla, encuentra semejanzas con alguien a quien ya ha olvidado.
Te pregunta qué es de tu vida para heredar consejos.

Doblas una manga; alisas la tela para calmar alguna arruga.
Dices que tú también usas aceite de olivo
que el farmacéutico es, en efecto, un inepto.

La última ropa en la secadora sigue su ciclo.
Doblas un cuello y buscas a ciegas un ojal para un botón caliente.
Ella sigue hablando: no hace mucho que se me fue.

Te despides, rompes el nudo con el que ataron décadas,
lo que llevó doblar: o…
Cuando te quedas dormida sobre el comedor
Cuando te tiendes sobre el pasto y te cubres la cara del sol
Cuando juegas a las escondidas
Cuando lloras y no quieres que te vean
Cuando te secas el sudor de la frente y tienes las manos ocupadas
¿Entonces – y en muchas otras ocasiones- no te has preguntado cómo es que tu cara cabe exactamente en tu brazo flexionado, tu nariz en el cuenco que forma el codo? Como si así viniéramos antes de separarnos, cuando éramos bolita.
Si, sí te lo has preguntado, dime entonces que pasa con tu otro brazo, ¿ahí que había?
cuando te ríes y después ya no

cuando se te calma el pecho y tu cabellera ya no se mece

cuando tu sonrisa -de olas-
deja solamente arena mojada

entonces sé que valió la pena dejar de escribir
interrumpirte

para contar algo que te lleve ahí: justo después de la risa

en donde leo más,
de donde escribo menos,

esa mueca vieja que no cambiará nunca,
aunque cambies o te vea diferente.

Aunque mudemos.

Ahí, después de la risa, como en un asilo.
Este domingo es de café y té de estafiate, estoy encerrado, tengo que terminar mis finales, parece que me gradúo, pronto seré: latinoamericanista (what ever that means) y si señores tendré más tiempo para escribir y para subir fotos, si esto es bueno o malo no lo se. Lo dejo a su criterio.


Saben, esta navidad siento como si se me hubieran fundido todos los foquitos.
diseño arquitectónico: Teddy Cruz

Dueño de la casa: Mike Davis

Chango que hizo el trellis y se cuelga del mismo: Yo
Corrido a Malverde
Pese a que tanto te rezo yo nunca te pido nada
Humildemente hoy te pido solo Juárez y Tijuana
Una parte de Guerrero y las sierras de Chihuahua
Dejo mi suerte en tus manos tu milagro generoso,
Yo volveré hasta el otro año por no ser tan encajoso
Gracias por lo que me ha dado y por ser tan milagroso
El regalo (fragmento)
Hemos vivido años
Luchado por vientos acres,
Como soplados de las ruinas;
Mas siempre hubo una fruta,
La más sencilla,
Y hubo siempre una flor.
De modo que aunque no sean
Lo más importante del universo,
Yo sé que aumentarán el tamaño de tu alegría
Lo mismo que la fiesta de esa nieve que cae.
Nuestro hijo la disuelve sonriente entre los dedos
Como debe hacer Dios con nuestras vidas.

Heberto Padilla
La incoherencia de agua es la razón por la que temo al mar.Si las moléculas de ésta fueran más coherentes, yo no me hundiría.
La función de las cosas.

Buscaba mesa, mi charola traía un cuenco con arroz brócoli y pollo, una servilleta, una galleta de la suerte y soda de naranja.
Al final de la última fila, junto al ventanal, estaba la mesa, iluminada, sola, limpia. Podría hasta decir que triste o abstraída pero me han dicho que deje de adjudicar sentimientos a los objetos inanimados.
Me senté dos mesas más hacia el centro de la cafetería, para verla.