Leyenda colonial (osea de la colonia)

Llega una joven al Hotel Libertad, pide un cuarto por una noche. Esto no es muy raro, la gente llega por una noche cuando los vuelos los traen a Tijuana muy tarde y no es practico cruzar la frontera a esa hora. El Hotel Libertad no es el mejor del mundo pero es un hotel confiable, se podría decir seguro si el termino se pudiera estirar y en él cupieran Tijuana y estos tiempos; si en el cupiera México.

La guían a su cuarto, por equipaje solamente trae una mochila no muy voluminosa. Le muestran la habitación y le desean buenas noches. Por la madrugada llama a recepción y solicita un doctor, afirma que se siente muy mal, que le duele el estómago y que morirá si no se dan prisa. (En este momento podemos ver cómo las cámaras, de una toma amplia y desapercibida, cambian a handheld y esta sigue al recepcionista de cercas, casi por encima de su hombro). El recepcionista, un chico joven de la colonia, al percatarse que no tiene ningún teléfono de hospitales a la mano, recuerda que hay una clínica privada a unas 4 cuadras del lugar, corre por la Aquiles Serdán podemos escuchar su respiración agitarse. Llega sin aire a la clínica que generalmente está abierta las 24 horas. Explica la emergencia, salen en el carro del doctor y para cuando llegan es demasiado tarde. La mujer está muerta. La encuentran desnuda, húmeda aun de haber tomado una ducha y sentada en la tasa del baño. Su deceso se declara a las 3:26 a.m.

Lo que sigue lo sabemos por el doctor, solamente el doctor sabe que la mujer muere a causa de una intoxicación. Por medio de una laparotomía exploratoria se encontró que Una de las cápsulas de heroína que (del # exacto no se dice nada) transportaba se perforó y el torrente sanguíneo absorbió el contenido. De la clínica privada nunca sale esa información. Por la mañana llege una pareja que afirma ser familiar y hacen los arreglos pertinentes para enterrar a su hija en la ciudad con un diagnostico de paro respiratorio.

Vemos un nuevo color en el frente del hotel, han cambiado incluso de fachada. Entra una pareja mayor. Un señor alto acompañado de una señora robusta de cabello rojizo. La señora se rehúsa a aceptar el cuarto 56. Alega que no le gusta y exige que se le dé otro. Usualmente no dan ese cuarto a menos que el hotel esté lleno y por ser temporada alta lo está. Le explican que no hay otro cuarto y prefiere irse del hotel. Su marido no parece extrañado ante el capricho de su mujer. Hablan por unos segundos, el marido se acerca al recepcionista y le dice: mi mujer dice que en ese cuarto murió alguien y que no lo quiere tomar, me atrevo a decirte esto porque mi mujer rara vez no le atina y me dice también que mas vale que llamen a un padre a bendecir el lugar entero si no quieren que se les sale el negocio.

Con anterioridad ya habían entregado el cuarto a mitad de la noche alegando que había entrado una mujer al baño y no había salido. Otros habían dicho que escuchaban quejidos espantosos salir de cuarto de baño. Los más aterrados llegaba a recepción sin sus pertenencias diciendo que:, dormidos, sentían un cuerpo mojado subírseles, y entre quejidos decir ayúdame a sacármelos, sácamelos, por favor.

Al parecer, o por lo menos eso dice el recepcionista, el consejo de la señora peliroja dio fruto. Nunca más nadie se ha quejado.


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