Toulouse.
Entrevistamos a Jesús, un viernes a las 11 am. llovió mucho y el viento movía los árboles del jardín. Podíamos ver la lluvia, el movimiento y casi sentir el frío a través de la ventana de su sala donde nos acomodamos. Su casa es bonita, en las afueras de Toulouse, dice que en los 60’s cuando compró el primer terreno, no muy lejos de ahí, no había nada y ahora hay 40 000 habitantes en la comarca: Tournefeuille. La casa aquella la vendieron y se compraron esta a poca distancia de la antigua pero de un solo piso porque su esposa ya no puede seguir subiendo escalones. La casa es grande con patios por todos lados y un labrador que se cae de viejo, hijo de un labrador americano, otro migrante en esa casa. Un labrador primera generación francés, Granola y yo que tenemos nuestra historia de fronteras, Jesús que cruzó los pirineos y llegó a Angoulême con 13 años escapando del ejercito fascista de Franco. Su esposa, su nombre se me escapa, cruzó de 10 años y le robaron los zapatos; caminó así por 3 meses, los más fríos de 1939. Los más frios.
Jesús y su padre terminaron en Mauthausen. Muchos más terminaron en Mauthausen, Franco y su cuñado Serrano Suñer dijeron a Hittler que los españoles republicanos fuera de las fronteras españolas no eran españoles y una vez tomada Francia, fueron estos los primeros en estrenar el campo de concentración de Mauthausen. Los subieron a un tren, a él y 5 hermanos, una hermana a su padre y su madre. 4 días después lo bajaron a él y a su padre en el pueblo de Mauthausen Austria. A Jesús le dieron el uniforme a rallas con un parche en forma de triangulo azul de apátridas con el número 384142ll. Recuerda los 3 números que ha tenido, dos en Mauthausen y el otro en Gusen. Su padre nunca salió de Gusen.
La entrevista duró 5 horas, sin descanso, sé que no nos contó todo, no hay forma de meter ese sufrimiento y esa irracionalidad en 5 horas. Es más ni siquiera el lenguaje es suficiente y la entrevista es en todo caso un intento inútil. Si no fuera por la imagen, por los silencios, por las gesticulaciones de un señor, no quiero decir anciano porque no lo es, nunca lo será, gente como él nunca será vieja. Morirá y hasta eso lo dudo pero con la muerte en general tengo muchas dudas. Granola estaba tras la cámara 5 horas haciendo anotaciones, yo preguntaba poco, sólo metía mi cuchara cuando la cronología de los sucesos me confundía. Dejé de hacerlo porque pronto me di cuenta que el tiempo no tiene nada que ver con la memoria. Yo sabía que pronto Granola empezaría a sentirse mal, yo empezaría a sentirme mal. Un seguro dolor de cabeza no habíamos desayunado ni comido y pronto darían las 5 de la tarde. La lluvia arreció. Jesus cerró la entrevista con una historia muy detallada de una vez que viajó a recuperar una máquina para hacer pasta, que su compañía había vendido a alguien que vivía en un castillo cerca de Lyon. Por Autun creo. Un castillo lejos de todo. Una máquina pesadísima que finalmente terminó en Alaska. Jesús nos contó con lujo de detalles lo que le había pasado a una maquina de hacer pasta que él rescató de un castillo Lyones, de un hombre gigante y testarudo que no aceptó explicación de la razón del mal funcionamiento. Jesús nos invitó a comer y no aceptamos. La lluvia cesó un poco y nos fuimos. Jesús me sonrió al despedirnos y me dijo: las cosas no están mucho mejor, pero la gente no se entera.


Jesus fue uno de los que derribaron el aguila a la llegada de los aliados. 

Mauthausen. 

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