texto viejo, de primera persona ella, 2004. lo revisamos amaranta y yo, en un café de volada una tarde que recuerdo larga. me lo encontré después de un buen de no leerlo, haciendo una selección, y me sigue haciendo llorar, por otras razones que en verdad son las mismas pero más claritas, mejor dicho más tangibles.



Ella y su tormenta


Ella murió un domingo por la tarde y sí, llovía como siempre quiso.
En estas tierras tuvo que resignarse a la lluvia desértica
débil como los párpados de la mujer enferma.

Ese día me escondí tras el sofá de la sala donde ella solía leer.
Esperé la noticia bajo la ventana
acurrucado en el último espacio con su olor.
El cuarto en su intento por salvarla
guardó por meses un aliento a medicina.

Tras el sofá olía bonito, entraba luz ambarina.
Llovía con sol en una tarde de domingo.
Ella hubiera querido una tormenta como las de su tierra
que arrasara con todo, que barriera el patio y sus flores de bugambilia.

A mi me gustaba ver las gotitas resbalar caleidoscópicas.
Llegó la noticia evitando los pequeños charcos.
Yo dibujaba con mi vaho en el cristal, una casa con llovizna y un sol inmenso.

Tras la casa y el dibujo, podía verla.

Alejándose.

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