sabes, cabes muy bien entre mis brazos, como si nos hubieran despegado en algún momento, como diferentes plastilinas de colores hecha puño al guardarlas, separadas por un niño, de poco talento, que al juegar con ellas nos creó de esta forma: con los brazos demasiado largos para que no podamos evitar el terminar, de nuevo, hechos nudo.
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