Texto leído en la presentación de No son gente como uno



Te voy a extrañar me dijo haciendo un intento de ternura.
Yo también, le dije, haciendo lo mismo.

Sylvia Aguilar Z.

Cuando Sylvia me dio el libro y me enteré que lo presentaría me puse nervioso. Decidí hacer un poco de investigación. Digo un poco porque únicamente abrí el pequeño Larousse ilustrado y busqué la palabra: Gente.

Pasé por:
género,
generosidad,
genial,
genipa (que es un árbol de frutas)

hasta llegar a:

Gente.

La primera lectura del término dice:
Conjunto de personas.
El ejemplo: la gente acudió al estadio.

Pensé inmediatamente en el cuento de título El Real donde una pareja juega al gol-orgasmo mientras mira un partido clásico y se cuestiona la capacidad o incapacidad de ser fiel.

En la segunda lectura del término se lee:
Conjunto formado por la mayoría de personas de un lugar.
Y el ejemplo: la gente vive engañada.
Esta lectura me remitió al cuento de título Un taller literario y bueno no sé porqué me remitió a ese en específico.

La tercera lectura fue:
Clase social.
El ejemplo: su familia es gente humilde.

No pude no pensar en Gente como uno cuento en el cual la “gente” duerme con una mano en el pecho, no se camina bajo escaleras, se procura comenzar con el pie derecho y encontrar a alguien a quien querer con todo el tarot.

La cuarta lectura: Familia inmediata de alguien o conjunto de amigos.
Y el ejemplo: Sintió nostalgia y volvió con su gente.

Fasten your seat-belt es un claro ejemplo de esta lectura. Volver, con avión, convicciones y maletas todas listas para tratar de continuar lo que no se terminó. O el cuento: Siempre habrá una línea, en este cuento las líneas de memoria y geográficas se reúnen una noche antes de que vuelva el familiar del norte y del pasado.

La quinta lectura y última: Persona.
y el ejemplo: Esta muchacha es buena persona.
Esta definición me remitió a la autora porque nos regala frases como esta: siempre me ha sorprendido cuanta calidez cabe en una mano tan pequeña o con los años es más difícil que las palabras salgan solas o (para cubrir la cuota de o’s) mi bibliografía era su casa.

Los personajes de este libro: No son gente como uno, pero se nos parecen mucho.

Y enumero ya sin ayuda del Larousse algunas semejanzas:

Gente que cuenta los pasos para cruzar la acera en trece y no hace trampa.

Gente más que llora en el camión.

Una mujer muy seria enamorada de un payaso que sí era un payaso.

Goles orgásmicos.

Un taller literario que termina en sangre.

Alguien que se prepara un sándwich mientras una IBM de teclas gastadas guarda un documento y se gana un lugar en la familia.

Un tío especial que regresa del otro lado mientras la familia se pregunta qué lo hacía tan especial.

Un falso Aleph que nació en Todos Santos pero era mentira.

Gente que va al cine a ganosear aunque no le guste las palomitas con juguito de jalapeño.

Un tatuaje que dibuja un pasado oscuro mientras rodea un ombligo.

Juan Manuel Serrat que hurga entre las cosas de su hija y un Sabina que baila en el infierno una de Julio Iglesias.

Alguien a quien le cae mal Pedro Almodóvar y le roba algunas líneas para reconquistar.

Él: enajenado en su pecera, ella ensaya en silencio la mejor forma de hablar

Personajes que habitan historias tan complejas como eso que nos empuja a nombrar a los hijos con los nombres de tus poetas favoritos (con todas las repercusiones que esto pueda traer), a preferir tal o cual música, a enamorarte del dentista, a mandar un E-mail tan larga como el invierno lejos de ese Morenito, a sentir que el mundo se escondía en una oficina, a mirar tu reflejo en el cristal del sandborns cuando afuera llueve. Gente que se trata de explicar lo que significa la fugacidad, la memoria, la fidelidad, la copa a, c, o d, el amor cuando se tiene cierta edad, el genero, la concupiscencia, el desempleo, el huir, la paternidad, la fe, la escritura. En lo más mínimo gente como uno.


El libro termina con Selene, una de estos personajes, diciendo en el último cuento:
“… sí, sí, pero hay que buscarle otro título, yo digo que hay que ponerle…”
y así nos deja.

Sylvia debería mandar el libro a Larousse para que ilustren bien el término: Gente.

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