Hermosillo

1)Tomé de la caguama, una, dos, tres, otras dos, después miré a la puerta del pluma blanca, afuera imaginaba una noche linda para caminar como son todas las noches de hermosillo, adentro los amigos, las fotos de los asiduos del bar, los murales de los mismo y ellos fieles al viejo cantinero al que se le leía en la camiseta: prófugo del asilo y tarda lo mismo en dar el cambio que en bailar a la Jim Morrison una de Radiohead. Me levanté y corrí pa’ la puerta y de pronto corrí a la esquina y luego a otra y luego a otra y otra, y así después de correr por las calles lindas para caminar de noche de Hermosillo, llegué a la entrada del pluma y fue en ese momento que me di cuenta que estaba emputadamente borracho. Después, de nuevo los amigos, la idea de Ana Gabriela Guevara, del sol por la tarde secándome la mollera, de Benno Von Archimboldi, de lo rico que son las amistades que te esperan (preocupados) en la meta, con la certeza de que el encuentro empezaba bien, y que yo llegaba en último pero llegaba.

2) quieres agua

3) hace tiempo que no llueve

4) un árbol que portaba un vestido de quinceañera a su boda

5) una abeja ahogada dentro del agua de horchata

6) agua de avena con nuez

7) me quise robar el gafete de Fadanelli pero como alguien se me adelantó me robe el de
Roberto Castillo.

8) Ver la mano, en medio de la peda, en esos momentos en que los ojos se salen para ver la evolución de la fiesta y sobre todo a donde te llevará tanta cerveza (y no hablo de maratones) esa mano levantó la caguama y sirvió mi vaso y luego el de él (o no recuerdo si el de él también pero bueno) mis ojos registraron (más el izquierdo que el derecho) la cerveza en cascada de su mano a mi vaso, la tomé de un trago o dos o tres tampoco lo recuerdo y salí a la lectura que me esparaba. A la salida me dijo: te va a ir bien, se ve que no pierdes la dicción con la peda. Viniendo de él me dio valor.


Textos leídos en el congreso:
(sí son los mismos de siempre pero que quieren que haga
son mis favoritos y bueno los del librito)



A mitad de los 80




A mitad de los 80’s mi familia estrenó vajilla de filos dorados y denso decorado de flores.
Nunca comimos juntos.
Por esos mismos años me vestía de camuflaje
desde las botas hasta la boina.
Coleccionaba cartitas de baseball como un junkie
y miraba las caricaturas con fe de ciego.

Mi hermano Marcos, el mayor, hacía casas al otro lado
ocho horas diarias por quinientos dólares semanales.
Mi hermana, Teresa, rizaba su pelo y delineaba sus ojos como Madonna;
nunca compró ninguno de sus discos.
Escuchaba El Andariego mientras escribía en su diario de hojas impresas con tenues imágenes de paisajes y nubes.

Don Marcos perdió un dedo en una máquina trabajando para U.S. Elevators
Carlos, mi otro hermano, escondía sus libros bajo el asiento mientras cruzaba con pasaporte a la escuela.
Mi madre leía la revista Hola para comentarnos a cada uno lo que le pasaba a la Familia Real o a Julio Iglesias y terminaba diciendo: pobres de los Kennedy, están malditos.





En el primer cuarto de los 90
mi padre compró un traje para estrenarlo en el sepelio de mi madre.
Algo que no hizo ni cuando se casaron.

Yo jugaba basketball como un junkie.
Usaba el pelo corto y uniforme caqui.
Escribía a escondidas en las páginas secretas de mi cuaderno de tercero.

Marcos dejó de hacer casas para hacer arte
(mucho menos dinero, más sonrisas)
Hizo una casa como su primera gran pieza.

Mi hermana estaba felizmente casada,
escuchando a Myriam Hernández,
llorando la muerte de la madre que nunca la ayudaría en el embarazo.

Carlos lloraba en un cuarto rentado la soledad del estudiante.
En una ciudad inmensa llena de todo
menos de Ángeles.

Mi madre dejó de leer las revistas Hola
que aún se encuentran al costado del sofá reclinable.
Imagino que sigue leyendo los artículos escritos en la prensa.
Seguramente dirá:
Pobres de los Ramírez Pimienta, los dejé tan solos.








A diez años




En un mes serán diez años.
La familia sentada a la mesa de la cenaduría de la esquina.
Organizamos los detalles de tu misa.
No llegamos a ningún acuerdo. Fuera de que estaría bien la capilla donde te casaste.

(Recuerdo tu poesía porque últimamente también me encierro en sus cuartos y me despierta por las noches para alimentarla. Herencia tuya además de los muebles que poco a poco se han ido marchando y la moneda vieja de plata, que suena bonito al soltarla y golpear el piso)

Es cuestión de ir a la iglesia y cooperar un poco para los proyectos de remodelación. Seguramente incluirán tu nombre al final de la misa
Después, todos a la casa por algo de pollo, arroz y frijoles.

(Recuerdo leer en uno de tus poemas: qué triste soledad y qué vacío/ se quedó ese rincón en que viviste. Escrito al abuelo cuando murió en la navidad del 84, casi diez años antes que tú)

(Diez, uno por cada dedo de las manos que me diste)

Seguramente vendrán los tíos y algún otro familiar que te recuerda. Se irán temprano porque cada diez años se renueva el ciclo climático en Tijuana y los domingos de febrero llueve.


De regreso a ese rincón en que viviste, la familia finge.
Siempre planeamos la misa a tus espaldas: Lejos de casa.







Lo peor de tus fotos



Tus fotos son sólo unos cuantos encuadres por segundo
comparado al largometraje de tu risa
o tu simple llevar la cerveza a la boca en un trayecto inmenso de vidrio y reflejo.

No las puedo guardar en mi cartera.
Te rodearía de preocupaciones y carencias,
(fotos de mí tomadas para hacerme registro,
para que la gente sepa que soy quien digo,
el nombre mío,
el lugar donde vivo)

Hay mucho de malo en tus fotos.
Un estado de lejanía por saberte impresa.

Tu obsesión por perdurar.

El saber que algún día serás color sepia.

El momento justo al clic, en un cajón
o dentro del álbum de páginas pegadizas.

¿Sabes qué es lo peor de tus fotos?
que cuando las toco
la punta de mis yemas huelen a ti
como pelar alguna fruta
con una cáscara de imágenes

y descubrir

la pulpa de algún recuerdo en movimiento



Tú: (Aquí Silvia leyó tú, que es la primera línea y yo pos leí yo que pos es la segunda )
Yo:

Camino asfaltado, largo y desértico
Laguna imaginaria en uno de tus vados

Niña perdida en el pasillo del maquillaje
Viejo en busca de genéricos para sus medicinas

El agua caliente de un baño ajeno
El jabón empaquetado de un motel de paso

Dos desarmadores y un martini.
Dos cervezas y unas pinzas perras

Castillo de luces artificiales
Cerillos húmedos

Bufanda de colores
Daltónico de inviernos

Modelo de pasarela
Cámara polaroid


Chaleco blindado
Balas de salva


Presente
No vino porque se enfermó

Manzana chimenea
Observador cauteloso

Bailarina de recuerdos
Tarima apolillada

Rayuela
El niño aburrido con la liga en cuarta

Marcas el paso
Tomo distancia



Con tu tos o con mi tos

Yo quiero ser el que a tu lado duerma
cuando con tu tos o con mi tos sea difícil dormir.

Me gustaría estar ahí para cambiarte los pañales
o mirar que te los cambien, esperando en mi silla de ruedas
mi turno con la enfermera.

Que nos veamos en el asilo agarrados de la mano;
manos manchadas y perforadas por catéteres
ocupadas con el control de la cama,
jugando con las posiciones.
Reírnos sin dientes.

Quiero que te carcajees cuando me digas:
no me hagas reír que me brotan las puntadas.
Que te burles cuando me orine
y cuando te cuente sobre mi chequeo de la próstata.

Quiero que invitemos a cenar al doctor para ahorrarnos la consulta.
Preguntarle de nuestros males mientras le servimos mi sopa favorita.
Quiero que nos miremos a los ojos y encontremos en ellos paz y calma
donde ahora vemos fuego y futuras cenizas.

Que la pupila se dilate años.

Que tu sonrisa dé mil gracias y la muerte de los amigos
nos mate más que diez mil muertes

Que tomes a la ligera cuando maldiga el dolor.
Que sepamos, sin decirlo, que lo nuestro valió la pena
y que los tiempos difíciles como ahora
no fueron más que buenas razones para mirarnos viejos.
Ahora descansa, que falta te hace.





Palabras en orden inteligente




A ella le gustan las palabras en orden inteligente
yo me dedico a cocinarlas a fuego lento
para su
(me gustaría decir deleite porque rima y además queda en contexto
pero la verdad es que mis razones son más complejas y no pienso
traicionarlas)

Ella goza los juegos infantiles.
Se burla comparando mi cara con objetos al azar.
Yo sonrío buscándole a su rostro semejanzas con sentimientos,
pero callo antes de dejárselo saber.
(me gustaría decir que es porque el juego es de ella,
derechos de autoría y originalidad, pero mis razones son más complejas; en realidad callo por cautela).

Ella tiene la costumbre de numerar o ponerle incisos a las razones, a los miedos, a los hechos yo tiendo a ignorarlos.
(me encanta decir que lo que siento no se puede numerar,
pero diré que soy increíblemente malo para ordenar las cosas)

Ella cree que está en desventaja que la situación no le favorece
(me encantaría decir que tiene razón, que tengo el control, que no perderé nada. Me gustaría decir que soy un cabrón porque rima y sobretodo porque queda en contexto. Sólo diré que soy un estúpido amoroso y callaré,
porque las palabras de orden inteligente no me salen desde el momento en que ella me dejó en desventaja)



( pero mejor callo).


Tengo que agradecerles a todo y digo todos porque son todos. Duhhh!

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1 comentarios:

paola dijo...

y hoy al día 12 de abril del 2008 me sigues debiendo mi corazón roto por esa lectura

=) si algún día lees este comentario, espero que sonrias al leerlo

saludos a todos de la liber

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