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Hay que dejar al viento varias cosas, él sabe lo que hace.
Sé por ejemplo que no hay nada como él para secar tu pelo,
camino a la escuela, ventanas abiertas; carretera y prisa.

¿Recuerdas la primera vez que nos vimos?
No era una fiesta, era un punto de partida.

Antes de que te vayas quiero decirte un par de cosas: Salitre, muñón.

En ocasiones me da por lanzar, sí, por más cursi que se oiga, palabras al viento.
Como escupir así nomás, hacia arriba, bajar la cara y esperar la lluvia.

¿Recuerdas la primera vez que vimos llover?
No fue en la vieja misión, fue en un punto de partida.

En ocasiones me gusta mirarme al espejo, y balbucear palabras
que empañen el cristal
Porque sé que poco a poco recuperará su nitidez y seguiré hablando. Y
Escupiendo al viento lo que practico al espejo.

Antes de que regreses quiero decirte un par de palabras: marco, lámpara.

¿Recuerdas la primera vez que vimos al futuro?
No fue en el carro, afuera de la casa de nadie, fue en un punto de partida.

¿Y sabes qué? fue el viento, el mismo que seca tu pelo, el que me dijo que más vale que me acabe las palabras, que las cosas tienen sentido y el sentido se nombra, que salitre y muñón son mucho más bonitas que cualquier otras palabras que representen cosas tal vez más hermosas.

¿Recuerdas la última vez que me dijiste: estás loco?

No fue hace mucho.

También me lo dijo el viento, ese que se sienta entre tu pelo, así como me dijo que llovería pronto y que las flores de bugambilia son el alma de la gente que nunca paró de luchar.

Y así, nos hablamos.

Hoy, por ejemplo: tu recuerdo bajo el marco de la puerta
cuando el viento la cerró con tu misma fuerza.

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