El tirante negro de tu blusa cruza tu hombro como una cinta asfáltica
partiendo el desierto; lunares viven a la orilla de la carretera.

Mis dedos son los niños que corren entre la arena y sobre el camino caliente
al lunar vecino, kilómetro y medio:
señora dice mi mamá que si tiene un poco de harina que le mande?
Y se detienen ahí,
a contemplar el lunar tras el mosquitero semi-roto de la puerta con resorte,

Mis dedos: definitivamente infantiles, chamagosos y pediches.

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