Atrapado en una glorieta,
en una alcantarilla a la cual se fue rodando la moneda y el papel arrugado
donde escribí algo mucho mejor que esto.

Atorada mi camiseta en la puerta, justo antes de salir, a cenarme la ciudad.
de entrar, indigestado
en el tornillo del hidrante, rojo, en llamas

con zapatos de agujetas amarradas, a mi memoria y mi incapacidad de hacer moñitos
al pedal del freno
a si mismas

con la vista perdida en un letrero de se busca, un anciano que dijo: horita vengo
una niña que esperan con las tortillas
un perrito de ojos blancos

con las manos ocupadas en un teclado insensible
en las bolsas de mis pantalones jugando con monedas y papeles
arrugados

escribo

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