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Los Zepeda son una familia que son y no son mi familia.

Los monjes locos les dicen gracias al padre. Alfonso Zepeda. El señor sentado.

Yo recuerdo muy poco al señor.
Sé que alguna vez, ya con 60 y tantos años agarró su bocho, se puso un gorro de bob el constructor (mas bien no se lo quitó porque dicen que no se lo quitaba ni para bañarse desde una vez que le salvó la vida el traerlo puesto) y dio el viaje de Tecolotlan a Tijuana sin avisarle a nadie. Ya en Tijuana, alguna vez fuimos al swap meet de Koby’s y yo me perdí siguiendo al globero. Don Marcos me cuenta que Don Alfonso y todos me buscaron pero Don Alfonso lloró mientras decía: va a ser imposible encontrarlo, aquí todos son gueritos. Y me encontraron con el globero. Don Alfonso regresó a Teco un mes después con su gorro de bob el constructor en su bochito.

Seño Lolín.
La esposa de Don Alfonso y Madre de los Monjes Locos

De ella recuerdo el chocolate más rico que jamás he probado. Recuerdo llegar por las tardes, como perro sin mecate, a su casa, (nunca he sido más libre que en ese pueblo, con 6 años yo podía salir de la casa donde nos quedáramos para vaguear por todo el pueblo y entrar a comer a todas las casas de todos los parientes y los que no también) llegar y pedirle un chocolate, y la Seño Lolín que había trabajado todo el día como todos los días de toda su vida, además de atender a todos sus hijos, hacía chocolate para los dos con ese instrumento de madera que siempre me ha parecido mágico, nos sentábamos a la mesa del comedor, cada uno con su chocolate y hablamos de la vida, de lo difícil que era tener 6 años y de lo rico que sabía el chocolate.


Lolita o la ñeña.

Recuerdo un día que me ayudaba con un problema de matemáticas de la primaria.
Incluso recuerdo el problema.
Tenemos 10 burritos, 7 de frijoles y 3 de carne.
Si nos comemos 4 burritos de frijoles, cuantos burritos de frijoles nos quedan?
Y como yo siempre he sido muy tragón pues decía: ñeña, nos quedan 6, 6 burritos muy ricos.
Y ella me decía, no Omar mira bien lo que te digo. Y repetía el problema y yo no quería dejar los de carne afuera y contestaba: ñeña nos quedan 6.



Dorian

Una vez, yo aproximadamente de 12 años regresaba con él en su combi, de los Angeles. Por la altura de san onofre, nos salimos del freeway nos estacionamos frente al mar se quitó los pantalones y se metió a la playa en calzones, no había nadie por ningún lado, recuerdo la playa enorme, como si la viera a través de un lente fisheye. Yo sentado en la arena, mientras el cada vez se iba más lejos. En algún momento ya no lo vi, era por la tarde, me quedé dormido, no recuerdo si lloré porque pensé que ya no regresaría, estoy casi seguro pero no lo recuerdo.



Fausto.

De él recuerdo que fuimos doña Sara, Don Marcos, él y yo en la camioneta azul de don marcos, una que parecía taxi y era increíblemente larga, yo podía dormir atrás cómodamente con toda mi estatura de 8 años. Fuimos a dejarlo a fresno, a la uva, a que juntara una lana. Llegamos de noche y nos metimos entre muchos árboles, por la mañana con el sol recién salidito pude ver una casa de madera muy grande que no había visto por la noche. Fausto se bajó con sus cosas se despidió de nosotros y nos regresamos a Tijuana, me bajé a correr por entre los árboles y corté naranjas para el camino, en esa camioneta, Don Marcos Doña Sara y yo habiendo tanto familiar por el camino, tardamos un par de días en llegar a la Libertad, recuerdo las luces de Tijuana justo cuando se llega a la cima de la palm, por el 805, tal vez no la recuerdo de esa vez, pero las recuerdo de todas la veces.



Mino.

A mino le debo la primera comprensión del poder de la poesía. Yo tendría 7 u 8. Estábamos en el pueblo. Había una fiesta. Mucha gente, todos muy alegres. Alguien tocaba la guitarra, todos cantaban. De pronto mino los calla y comienza a recitar de memoria un poema, no recuerdo el poema y la verdad no importa, lo que menos importa para entender la poesía es el texto en sí.
Todos se callan y el recita y recita y de pronto termina. Siguieron callados por un par de segundos y después siguió la guitarra. Yo no entendía. Pero pronto supe que lo que había sucedido en ese momento era más grande que la fiesta entera, que el pueblo entero pero seguía siendo tan tan pequeño que cabía en dos minutos de una fiesta. El segundo recuerdo de Mino fue como a la media hora de revelarme el poder de la poesía y fue verlo bailar como Michael Jacson un son jarocho con un zarape y shorts de futbolista.



Luís o whicho

De él recuerdo que me daba miedo. Era muy serio pero siempre me pareció que estaba loco, siempre andaba de lado a lado de la casona y siempre papaloteando con pensamientos. Recuerdo que armaba un carro sobre el techo de la casa, recuerdo que le pregunté que por qué lo hacía, por qué en el techo.

Recuerdo que me dijo: pues para dar vueltas.

De los tres más grandes tengo pocos recuerdos de infancia. La mayoría de los recuerdos son ya de adolescencia y podría decir que aun no son recuerdos.


Don Mario




El doctor Ricardo




Y el más grande, Alfonso.
Con el más grande pasó algo muy raro.
Llegó a Tijuana hace unos 10 años, se instaló en un Hotel del centro, llegó a recepción y pidió a la recepcionista información de cómo llegar a la Libertad. Ella contestó que vivía en la Libertad, que a qué calle quería ir para informarle al taxista cómo llegar. A la calle 10 señorita.
a la diez?
Sí.
A quién va a visitar?
A Don Marcos Ramirez y a Doña Sara Pimienta
A mire que curioso. Mi hermana es novia de Omar.

Llegó Alfonso, 15 años después de su padre, sin gorro de bob el constructor, pero a supervisar una constructora, y llegó para darse cuenta que Omar seguía perdido.

Comentarios

Bubísima dijo…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Bubísima dijo…
mi estimado o.p. es un gusto hacerle saber que ud se ha ganado un Thinking Blogger Award!

(cheque mi blog!)
ando leyendote y wow este post es woww me pongo de pie y aplaudo me gusto como describiste a cada persona¡¡
aqui andarè leyendote¡¡¡¡
Ay, Omarcito, como siempre eres pura ternurita. Cuero, chiquilín, Un abrazo.

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