No compré más libros, no fui a la feria. El fin de semana no salí a pistear, trabajé ayer domingo. Ahora tengo para el boleto de ida y vuelta a las horas de junio, hermosillo se ha convertido en mi 3ra casa o cuarta si cuento la de mi abuelo en jalisco

. El año pasado que participé me fue muy bien, alguien me gritó en el lobby del hotel que le debía un corazón, que se lo había roto durante la lectura. Primero el comentario me dio miedo pero luego me dio risa, una risa nerviosa.

En hermosillo la cerveza pega más fuerte, el sol te predispone a un peda extraviada. El primer día me salí corriendo del Pluma Blanca (mítico bar de la ciudad) y me puse a dar vueltas corriendo a la cuadra. Creo que di dos vueltas sin caerme aunque no sintiera las piernas durante el trayecto. Por la mente me pasaba la hija pródiga de sonora: Ana Gabriela Guevara, sentía que me estaba correteando o sentía que ya me había rebasado dos veces o que ella corría a mi lado tras de ella misma. Yo corría tras un poco más de sobriedad para seguir pistiando.

En otra peda, o no recuerdo si en la misma, alguien me preguntaba: ¿tú por qué te pones pedo, qué no eres de Tijuana, qué no traes drogas? Y yo cagado de la cura, esa cura de pedo que te hace cerrar los ojos para luego sentir el vertigo. Y contestaba no, si, no si, y luego seguían carcajeándome, tratando de no perder el cool, buscando la mejor forma de caminar: un tambaleo con estilo.

En general las horas de junio me supieron a días y los días de ese junio me supieron a meses. Y pues ahora regresaré, con textos aun más feos, con razones aun más fuertes para ponerme araña. Allá nos vemos.

Pluma Blanca, fueras perfecto si no cerraras.

P.D. yo voto por cambiar las horas de junio a noviembre que hace menos calor. y pa vernos en noviembre otra vez.

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