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Intento tocar físicamente el tiempo, señalarlo, rasgarlo, cualquier cosa que nos explique porqué estamos aquí discutiendo sobre algo parecido al futuro.

Por los años en que nacimos un geólogo encontró la línea divisoria entre el antes y el ahora. Se topó con el tiempo, de frente y lo rascó, lo palpó, lo olió y puedo asegurar que lo probó (yo lo hubiera hecho). Era una franja de tierra de unos cuantos centímetros, en algún cañón de Italia. Él era californiano, como nosotros. La franja de tierra fue el polvo que se formó después de que el meteoro golpeó la tierra.

Su apellido no era muy lejano al nuestro y seguramente él no era mucho más inteligente que nosotros, igual de terco, igual de iluso tal vez. Te puedo asegurar que seguía siendo un niño; su pasión era la tierra, jugar con ella, examinarla, mirar las piedras. Su padre se había ganado el Nóbel de física, él sí que era un genio pero era un adolescente; su pasión eran las partículas elementales y los estados de resonancia, para mi era un adolescente, solo los adolescentes creen en lo definitivo.

La franja de tierra era densa y se encontraba justo donde se divide el antes y el ahora. Si tú fueras la tierra y yo fuera un geólogo diría que la planta de tus pies cumplió 4.6 billones de años (y tú que te quejas de tu edad) y en un principio eran calientes, no se comparan con lo frío que se ponen por las noches aunque los enredes con los míos. Tu cabello por el contrario es la maleza por la que caminamos, ahora, en el presente. A nosotros nos tocaría ser un par de piojos o los organismos que se alimentan de la grasa del cuero cabelludo, así como cuando desenterramos las cebollas y las papas o cortamos algún fruto. El caso es que si fueras la tierra, la franja de la que hablo se encontraría a la altura de tus pechos. Exactamente a 64 millones de años. Y no se parece a la densidad de tus pezones pero se podría comparar la emoción al tacto.

La franja de tierra puede ser encontrada en todo el mundo justo ahí, entre el antes y el ahora, a 64 millones de años geológicos, a la altura de tu pecho cronológico, en algunos puntos donde se puede ver en las paredes de tierra los anillos que nos forman. Contiene iridium que es un gas traído por el meteorito, cuarzo de estructura molecular alterada solo encontrado en sitios de impacto meteórico, polvo de carbón de la ceniza que se esparció por todo el mundo después de que se quemaran los bosques y microtektites que no es más que vidrio, cristales en formas de lágrimas y gotas, el calor producido por el golpe mandó al cielo moléculas líquidas que con el vuelo se cristalizaron y cayeron a la tierra. Imagina por toda la tierra una lluvia de gotas de vidrio. Después se quemó todo, se levantó el polvo del impacto, ceniza y polvo cayeron, imagina los lomos de los libros junto a una chimenea acumulando polvo o ceniza por 40 años. El mundo se congeló, como tus pies por la noche, porque el sol no lograba traspasar las cobijas de polvo, después se calentó y por último una lluvia ácida.
Bajo esa franja de tierra se encuentran todos los restos de los dinosaurios, hace tiempo que no escucho sobre el descubrimiento de nuevos restos y si lo he oído o se han encontrado no me he enterado porque ya no me emocionan tanto los dinosaurios. Creo que ya no soy un niño. Esa noche o ese día en que el Tyrannosaurus rex (mi favorito) se comía a un velociraptor (mi segundo favorito) pasaba un meteoro de 10 Kilómetros de diámetro (si ponemos el meteoro en el lugar más profundo del mar podríamos ver una isla con kilómetro y medio de altura sobre el nivel del mar) a gran velocidad (imagina volar de Nueva York a California en 7 minutos) golpeó la costa de Yucatán exactamente en chicxulum.

Los dinosaurios murieron en ese momento o en el hospital como en casi todos los choques. Los mamíferos que eran unos animales chiquititos comían poco, usualmente puras raíces y vivían bajo la tierra fueron los que salieron ganando. Soportaron junto con las cucarachas y muchos animales marinos la quemazón y la helada y pudieron evolucionar sobre la tierra ya que no había reptiles gigantescos que la dominaran.

Evolucionaron y empezaron a preguntarse cosas, de dónde venimos hacia dónde vamos, valdrá la pena reproducirnos, cuándo será el final. Esas preguntas causaron guerras y crearon religiones. Las conclusiones de unos fueron impuestas a otros y así… hasta llegar a nosotros que discutimos y nos preguntamos lo mismo, sobre el futuro, me dices que soy un niño y pienso en los dinosaurios. Inmediatamente después pienso la franja de tierra que los tapa, o la franja de polvo que habría sobre mis dinosaurios de plástico de aún tenerlos, o en tus pies tan viejos como el mundo. Por último pienso en tocar el tiempo a la altura de tus pechos.

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