Evena



El cerebro es sencillo: un buró con cajones apolillados

Sobre él:
una cámara de ocho milímetros,
dos libros abiertos, subrayados sin sentido
un recetario y un registro de olores.

Un cajón, lleno de residuos de polilla, para la memoria carcomida.

(Justo abría con los dientes una bolsita de galletas de avena cuando te vi
por esta calle; tu color de algunas hojas otoñales y el sonido de cuando
se rompen)

Abrir el cajón, registrar el olor junto con tu imagen y sonido.
Filmar la fragilidad de la estación con el grano de la película reventado
hasta los poros.

(Ese día, tu caminar lento por entre la gente me recordó la gota
resbalando por el parabrisas y también el frío)


Subrayabas palabras que tienen sentido en lugares y tiempos sin sentido.

(Como ejercicio: recordar tus lentes sobre el buró)

Al irte, de igual forma: caminar despacio como gota entre la gente.



Desde entonces oler la avena es recordarte.

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