Texto a razón de que me regalaron un pedacito del muro de Berlín, una piedrita.

Gracias.

Cuando tumbaron el muro de Berlín yo estaba en los Ángeles. No recuerdo porqué motivo gozaba de una semana de vacaciones en casa de María “la changa”, la mejor amiga de doña Sara. La familia de la changa, Doña Sara y yo mirábamos las imágenes del muro y sus morusas, la verdad es que no parecía importarnos mucho. A Juanito y a mi nos preocupaba disimular que sabíamos algo al respecto y que todas esas llevadas a la escuela tempranito valían la pena.

Fue una semana difícil, la recuerdo en fragmentos, como todo después de los años, por mi poco ingles y mi inferioridad numérica sufría de un gran acoso por parte de los tres nietos de “la changa”. Mis tenis, recién comprados en la zapatería canadá decían Reabok en lugar de Reebok y por lo tanto no paraban de burlarse de mí. Pero mi ignorancia no terminaba ahí; gracias a la efectiva influencia hollywoodesca yo aposté un buen putazo en el hombro a que los gringos habían ganado Vietnam, va, que el engaño no me dejaba aceptar ni siquiera el empate que Juanito alegaba:
nel, los gringos ganaron –afirmaba yo
nel, empataron, creo, pero estoy seguro que no ganaron—afirmaba Juanito

de aputazo en el hombro –apostaba yo que ya desde chiquito me crea muy sabio
de aputazo – apostaba Juanito con dudas, más gracias a la seguridad que yo emanaba que a sus clases de historia.

Le preguntamos a Don Juan que nos mandó a la chingada diciéndonos que eran los franceses los que habían perdido la guerra y que si no sabíamos donde le habían escondido la de don-predro.

Le preguntamos a Doña Sara que fingió no saber cuando supo mi postura Yankee

Le preguntamos a la Changa que nos ofreció unas enchiladas de mole pa’ que nos calláramos

Fue Joe, el tío de Juanito quien nos dijo que la “habíamos” perdido.
No recuerdo si me dolió o no el putazo en el hombro.
Recuerdo la carrilla: la de mis tenis, la de mi ignorancia.
Recuerdo que todas las películas de Vietnam se terminan antes de tiempo
Recuerdo que los niños a los 10 años pueden ser muy crueles, como si estuvieran concientes de que se preparan para la guerra.
Recuerdo que miraba caer el muro a marrazos.

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