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Mostrando las entradas de abril, 2003
Quiero un texto tangible
tridimensional
con texturas, relieves y prominencias
que lleve un pantalón por Jackson pollack
y una camisa por Anselm Kiefer
que sea fácil de amarrar con una liga
que la base de datos sea para él la cárcel
y el exilio un blog

que sea pomada

Que siendo hoja
se doble en ocho
se amarre un hilito
y se aviente al vació de una taza con agua hirviendo.

De amplio record criminal,
de tatuajes indescifrables pero inteligentes,
posible de leer en la oscuridad,
que responda si le chiflo
y se ilumine cuando le aplauda.
Que beba cerveza hasta orinar tinta.
Digno de papel arroz.
Capaza de alimentarse leyendo,
Que me mire,
como mira a su padre un hijo avergonzado
y que un día mientras duermo
(en el suelo como siempre)
se acerque cauteloso
y me entierre en la yugular
la pluma de su creación.



Ella teje con agujas largas y metálicas.
Estas, en el movimiento mecánico de sus manos,
dibujan en el aire una palomilla
aferrada al bordado como a un foco.

Sus ojos, de vez en vez, se elevan al televisor
para ver el video de sus quince años.
Arriba del aparato reproductor
hay un casete en blanco que dice,
en el costado que se asoma a la sala,
con letras cursivas color oro
el día de mi boda

El estambre esta hecho
de hebritas usadas al remendar camisas,
sus propias faldas o poner botones.

De hilo dental olvidado tras el espejo del baño
por algún amante no tan pasajero.

Por los miles de cabellos recogidos
de las almohadas vecinas a la suya durante tantos años
o desmarañados de los sepillos de la cómoda.

De las cintas violentamente extirpadas
de algún casete en aquel momento en que dolían.

De las entrañas de colillas rezagadas en el cenicero
por alguien que también dejo tras de sí el vicio.

Por el hilo de cobre del cepillo
De aquel herrero que se qu…
Necesito escupir, lejos, tras las matas a mi costado, paso la lengua por mis encías y las encuentro notablemente mejor. Mastico las hojas de arandano que se desprendieron con el viento del cuerpo de la mujer arandano. Hay razones fuertes, para querer llamarnos de otra forma, que siempre escondemos tras razones sencillas. El ritmo, la cantidad de letras o la fuerza. Siempre hay razones.

¿Por qué se querrá llamar arandano?

¿Qué dice el lente quebrado de mis goggles sobre el arandano?, ¿cuándo fue que empecé a guardar toda la información en los cristales?, ¿estará vacía mi memoria?
Últimamente tengo que recurrir a ellos para todo. Esto pasa cuando creamos dependencias y sobretodo cuando compartimos memorias. Lo bueno, creo, es que me deshago de los lentes y estoy listo para moldearme como quiera.
Quitármelos me ha salvado la vida, la tortura por información siempre terminó mejor cuando no supe nada. Cuando uno dice lo que quieren saber, mereces morir por chivato. Un disparo si bien te …
¿Cómo es que te vas,
Sin decir nada mas que eso?
Piensa en el perro
Y no me refiero a mí
Si no a camilo.

¿Cómo es que me dejas?
Caeré en las drogas
Recorreré la ciudad
buscando mujeres dispuestas a todo
compartiré jeringas
Me iré a Oaxaca a congestionarme de hongos
Robaré bancos, y tel vez no me agarren,
Compraré un yate y moriré en altamar.

¿Como es que te vas así nada mas?
Te necesito
Quédate y prometo cambiar
Prometo sustentan mejor el vicio
Compartir jeringas contigo
llevarte a Oaxaca a congestionarnos de hongos
buscaremos mujeres dispuestas a todo juntos
Robaremos bancos y moriremos en altamar pero quédate
Estoy sentado en la plataforma del carrusel
entre animales sonrientes que suben y bajan,
luces, espejos, imágenes que dejan destellos,
colores radiantes que cercenan.

Siento la histeria de golpe
glotonería de textura y sensación.

Sonrió nutriéndome del hilito tenue de vértigo
que flota; agridulce cordón umbilical.

Giro con el gusto de saber
que llegaré al mismo punto.
Con la certeza de que nada cambiara,
que el carrusel gira sobre un punto fijo,
que la feria podría ser eterna.

Tras el caballo sonriente,
encuentro la rueda de la fortuna
rodando sobre sus canastas
suelta por el parque.
En el primer cuarto de los 90s
mi padre compró un traje
para estrenarlo en el sepelio de mi madre.
Lo que no hizo ni cuando se casaron.

Yo jugaba basketball como un junkie.
Usaba el pelo corto y uniforme caqui.
Escribía a escondidas en las páginas secretas
de mi cuaderno de tercero.

Marcos dejó de hacer casas para hacer arte
mucho menos dinero, mas sonrisas.
Hizo una casa como su primera gran pieza.

Mi hermana estaba felizmente casada
escuchando a Myriam Hernández
llorando la muerte de la madre
que nunca la llevaría de la mano por el embarazo.

Carlos lloraba en un cuarto rentado
la soledad del estudiante.
En una ciudad inmensa llena
de todo menos de Ángeles.

Mi madre dejó de leer las revistas Hola
que aun se encuentran al costado
del sofá reclinable.
Imagino que sigue leyendo los artículos
escritos en la prensa.
Seguramente dirá
Pobre de los Ramírez Pimienta los dejé solos.

A mitad de los 80s, mi flamilla estrenó una vajilla
de filos dorados y denso decorado de flores.
Nunca comimos juntos.
Por esos mismos años me vestía de camuflaje,
desde las botas hasta la boina.
Coleccionaba cartitas de baseball como un junkie
y miraba las caricaturas con fé de ciego
Mi hermano Marcos, el mayor, hacía casas al otro lado
por 8 horas diarias y quinientos dólares semanales.
Mi hermana, Teresa, rizaba su pelo y delineaba sus ojos como madona.
Nunca compró ninguno de sus discos,
Escuchaba el andariego
mientras escribía en su diario
de hojas decoradas
con tenues imágenes
de paisajes y nubes.
Don Marcos perdió un dedo,
a una maquina, trabajando para U.S. ELEVATORS.
Carlos, mi otro hermano, escondía sus libros bajo el asiento
para cruzar a la escuela con pasaporte.
Mi madre leía la revista Hola
para comentarnos los dramas de la familia real
y terminar diciendo
pobre de los Kennedy, están malditos
no es por presumir…
no están para saberlo ni yo para contarlo…
¿Qué creen…?
no es que yo…
bueno les presumo y les digo
y les doy el link
Palabras Malditas

Literatura:

Vanny - José Abdón Flores
Los perros, el deseo y la muerte - Boris Vian
Un cuento de Michael Ende
Odio el aliento dulzón - Shad
Él y ella - Omar pimienta
Inauguramos la Alcancía poetica

Infierno:

El país del que ya no se habla - Michael Collon
Mad Bush 2 - Moon Rider

Música:

A cadena perpetua - La Tirana
Un soundtrack contra la guerra - Moon Rider

Galería:

Dahmane, la lente perversa - por Mickey Sabath
Galeria de Claus Vargasanchez


Señores y señoras mi primera publicación fuera del blog. el poemita (me aferro a decirle así) lo tengo en estos archivos pero ya hace rato y se inició como un proyecto performance.
bueno me despido. Échenle un vistazo.
Se aceptan felicitaciones, flores, caguamas cuando me miren cabizbajo y cuando no, donaciones, y todo tipo de acción que denote el gusto que les da mi…
Tu columna es un dragón chino
que pasa bailando por el desfile
entre cuetes y serpentinas.

Procesión de gente que se auto flagela

Caravana de camellos
camino a las dunas.
bajo una frágil tormenta de arena


Fila india de batitas verdes
y crayola en los dientes.

Hilera de manzanas en el supermercado.

Los resortes protuberantes
del colchón de mi infancia.

Manifestación contra la guerra.

Marcha interminable.
Éxodo.
migración de huesos a mi tacto.
Tu columna es tu columna
por desgracia
¿Sabes que es lo peor de tus fotos?

Que son solo unos cuantos marcos por segundo
comparado al largometraje de tu risa,
o tu simple llevar la cerveza a la boca
en un trayecto inmenso de vidrio y reflejo.

Que no las puedo meter a mi cartera.

Te rodearía de preocupaciones y carencias,
fotos de mí tomadas para hacerme registro,
para que la gente sepa que soy quien digo,
el nombre mío,
el lugar donde vivo.

Hay mucho de malo en tus fotos.
Un estado de lejanía,
por lo conciente de saberte impresa;
permanente.
Tu obsesión por perdurar.
El saber que algún día serás color sepia
El momento este, justo al clic, en un cajón.
o dentro del álbum de paginas pegadizas.

¿Sabes que es lo peor de tus fotos?
que cuando las toco
la punta de mis yemas huelen a ti.
como al pelar alguna fruta
de una cáscara de imagen

y descubrir

la pulpa de algún recuerdo en movimiento.
Los años de exilio

Salió Tambor de Mochis con la navaja en cuenta, limpia ya hasta de remordimientos. Llegó a Tijuana por un breve periodo y enseguida a Ensenada. Fue ahí donde inició su carrera criminal lucrativa. Estuvo un tiempo clavado por posesión de armas después de que le encontraron una escuadra lista en el asiento del pasajero.
De nuevo, me gustaría decir que fungía de sicario del cartel de ensenada y esperaba pacientemente después de dos noches sin dormir, la salida de un funcionario panista de moral atravezada para decirle al oído, mientras le pone el cañón en la cervical 4, ahora si te cargo la…. Que era pirata de la bahía Ensenadense y que asaltaba los cruceros de gringos ricos, que ni siquiera se bajan, para después comprarse un traje sastre y un jarrito de talabera. Que tenía lazos con el dueño del restaurante bakia, que resultó ser uno de los dirigentes basco-eta más sanguinarios, y se respetaban mutuamente por saberse lo que son y lo que podrían ser.
Lo que si es ve…
Imagina arena cayendo de tu mano a la mía,
se filtran granos por mis dedos,
caen a tu vientre.

Imagina agua escurriendo de tu pelo,
goteando a cuentas sobre mi mano,
derramándose al final.

Palabras de tu boca a mi oído. Filtradas.
Ideas de tu pecho a mis pies. Caídas.

Ahora olvida la arena entre los dientes,
el agua en los pulmones,
ideas que se pisan,
mariposas en el vientre.
Camina junto a mí, por alguna playa triste,
recogiendo ideas para meter en frascos.

Siente como las palabras nos moja los pies
en esta gran ola de espuma.
Me encontré esta joyita de poesía infantil 1r concurso Papelucho de Papel
Esther María Gutiérrez



Tengo un tesoro que a todos estorba: Mis muñecas, mis trapitos, los recortes. Crayolas y hasta las pinturas viejas de mamá ¿Dónde esconderlas?. Dígame usted. Los adultos son dueños de toda la casa Hasta del tanque del agua donde ayer lo escondí Déme una idea, por favor! Todo les molesta, hasta el perfume de flores Que inventé para el pelo, Todo lo botan. ¿ Por que no se alquilan casas a los niños? Talvez así podría guardar tantas cositas Que a ellos les parecen peligrosas, feas
Tambor

Invierno de segunda mitad de los 90s (la mitad amarga). A la periferia del Ranas Bar, al oído los residuos de una canción de penny wise mientras Galaxia y yo buscábamos a Odisea. Las dos, hijas de un señor muy hippie masón y poeta que de oficio tenía el de hacer monos de yeso para vender en la línea. La encontramos en una de las tantas escaleras que suben al segundo piso de los locales de la plaza (como siempre con un batillo). Esta vez era diferente, no ganoseaban. Él tenía sus manos para sí y ella en su propia cara. El tipo vestía una gabardina, vinny, guantes negros, todo negro, y portaba una palidez extrema. Odisea se levanto y nos dijo:
--Les presento al Tambor… que lindo me limpió los tenis y me dio un café gratis. Trabaja en el samborns y me llevó por un café. Me puse bien peda y me guacarié y él me limpió los zapatos ( todo este dialogo imagínenselo con una voz de ternura peda y pacheca). Recuerdo haber pensado: puta que pedo con este bato. ¿Sera de neta tan…