Una sombrilla de colores, sin bastón, tirada en el pasto puede ser el circo perfecto para esconder tus manos. Las podremos anunciar como una nueva especie de paquidermo que hace malabares, como dos grandes magos que al tocar desaparecen y parten por la mitad. Podremos ir por la ciudad con una banda y tus manos por las calles para que los niños las vean con algo de miedo y asombro, podrás hacer un espectáculo de sombras aunque solo sepas hacer un conejo y el perro que siempre pienso que es dinosaurio. Podríamos invitar un par de pulgas y unos frijoles saltarines para trapecistas. Haremos cartelones e inundaremos las paredes y así tocaras toda la ciudad como siempre lo has querido. Miraremos la función desde afuera, tirados en el pasto y espiando por debajo de la sombrilla y así podré acariciarte mientras tus manos están lejos para impedirlo, ocupadas en la gran función bajo un circo que alguna vez, en alguna vida pasada, fue una sombrilla.

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