Dices que hay días en que escupo palabras como si me quemaran las encías.
Otros, los menos, pero a tu ver los más importantes, las guardo como gotas
o para un día lluvioso
o las suelto a cuentagotas
(no recuerdo bien tu húmeda analogía)

Dices que por toda la casa encuentras charcos de lo que me guardo:

Un par de fotos feas de un arbolo simple
colgadas con alfileres al costado del librero

El sobre de manila rotulado: para camisa café
que rueda por los cajones del escritorio con un botón adentro.

Una caja de té sin nombre que te da miedo preparar

Me preguntas si lo hago adrede
te pregunto: qué, como quien oculta la mano después de lanzar la primera piedra.

El esconderme tras lo que hablo
lo comparas con vapor

Te digo que tienes razón mientras me escaldo la lengua.

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