Crónica en respuesta a la acusación de que el Tumper (mi carnal del alma) se robó la champaña




El Tambor no es culpable
(o: mejor no me ayudes carnal)


1) Había besos de regalos y una mesa con sushi de la cual me separé muy poco. En las primeras horas mi recorrido fue: refri-mesa-mesa-refri, chela-sushi-sushi-chela y sí, mi cerebro al igual que mi lengua se trabó con la combinación. No recuerdo mucho, pero en un punto de la fiesta recuerdo estar sentado en las escaleras que llevan al puente colgante del cual alguna vez se cayó un gatito. Recuerdo también que una invitada le apretaba una chichi a otra invitada y recuerdo que había una discusión internacional parecida a la guerra de los pasteles en la cual el Pato (a quien siempre le hemos dicho que su verdadero padre es caribeño) intervino bajo el título de Kofi Annan.

2) Yo sabía de una botella perdida pero era de vodka y por poco el Lou, (con nuestro backup) intentaba recuperarla a chingazos. El vodka salió y de ahí ya no recuerdo más.

3) Cuando se iniciaron las investigaciones yo pensaba que el Tumper era culpable nada más por sus antecedentes. Pensé en proponer la inyección letal por el simple hecho de que no se mochó con parte del botín. Pero poco a poco salieron a relucir pequeños detalles, por ejemplo su vestimenta la cual varía de las fotos de la fiesta a otra donde se le vé hasta rosadito de los chapetes, tan contento con el supuesto botín. El Tumper es diva pero a duras penas se cambia de un día a otro, no se pondría dos veces guapos pa’ una sola fiesta y menos con la peda que ya traíamos.

4) Es bien sabido que el Tambor es capaz de eso y de mucho más, no de en balde la procedencia de su apodo. Algunos piensan que es en honor a Tumper el de Bambi pero somos pocos (y ahora muchos) los que sabemos que se le bautizó así en los barrios de Mochis por hacer tambores con la piel de sus víctimas al más puritito estilo del Silencio de los inocentes.

5) Cuando yo conocí al Tambor –en una peda en el legendario bar Ranas– trabajaba en el Samborn’s de cocinero y por unos buenos meses nos nutrimos con extra molletes gracias a la caridad de sus robos en esas noches de borracheras juveniles (aaah qué tiempos aquellos).

6) Alguna vez me regaló un zippo lighter que aún traía manchitas de sangre.

7) Ha confesado tiempo por posesión en Ensenada y en la juvi de Tijuana sin contar lo que lo expulsó de Mochis y después de ocho años no ha confesado. Aconsejo a todos no intentar despertar al Tumper de cerca porque se va derechito al cuello como si trajera un Vietnam eterno en los sueños. Si no lo creen, nada más observen un poco su postura y se darán cuenta que está siempre atento y con la espalda a la pared (en la foto se vé vulnerable pero no se dejen engañar, los destazaría sin pensarlo, solo para alimentar el apodo).

8) Tumper no es culpable. Yo no meto las manos al fuego por él pero sí escribo una crónica con el firme propósito de limpiar su nombre de cualquier mancha que se le quiera, injustamente, adjudicar. Por eso somos carnales para protegernos de calumnias injustas, aunque si se demuestra su culpabilidad: chínguenlo, chínguenlo, chínguenlo, que no se mochó el muy cabrón con las burbujitas.

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