Amanecí sin mi calcetín derecho, me desperté y sentí mi pie desnudo el cual moví para ver si lo tocaba o sentía entre las sábanas (fe a un talento escondido en mi DNA de cuando era chango) no encontré nada. Con ese pie desnudo (más bien con el dedo gordo de ese pie desnudo utilizádo como gancho) me quité el otro calcetín para tentar con ambos pies. Era temprano y la verdad es que había dormido poco. No encontré nada, bueno encontré mi calcetín izquierdo que pensé era el derecho y terminé confundido. Con mi talento milenario logré prensar el calcetín izquierdo y sacarlo del colchón. Creo que no había abierto los ojos del todo. Me quedé dormido de nuevo, unos minutos, no muchos, pero suficientes para olvidar el incidente. No es la primera vez, ocurre una o dos veces por mes pero en ocasiones pasan meses si que suceda.

Opciones:


A) me quito el calcetín en estado sonámbulo y lo mezclo con los calcetines sucios haciendo imposible corroborar que en efecto ese calcetín, de entre todos los sucios, es el que se usó en ese día determinado.

B) Los duendes que se roban un solo calcetín (razón para que los duendes roben un solo calcetín: a) alimentan sus ciudades tras las paredes con un combustible extraído de los mismos, b) trabajan para la transnacional fruit of the loom o hanes o a sueldo de todas las compañías calcetineras con el simple afán de mantener en marcha la maquinaria del consumo de calcetines, c) les gusta el olor y es como un ramo de rosas para sus amadas duendas; c suena muy poco probable) llegan a grados de desesperación y descaro en los cuales me despojan de mi calcetín derecho mientras duermo.
C) Tengo que comprar calcetines nuevos que dejen la piel marcada por la presión de elásticos o resortes o costura (como se llame) y tirar ese montón de calcetines abatidos por el cloro que mas bien parecen bufandas por sus dimensiones;
C) suena muy poco probable.

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