Desencadenas la bicicleta que lame tus zapatos con gratitud
Saludando a alguien con los dedos perdidos
como se pierden las alas del colibrí
(por cierto los colibríes me dan miedo, todo lo que vuela
me da miedo; incluyéndote)
Caminas con ella a tu costado como si la estuvieras paseando por un parque interminable
Te subes
Llegas a tu destino
La vuelves a amarrar

lugar que se mide
con la métrica aprendida con los años
nada como ver la profundidad guiada por la luz de una ventana
o lo prolongado de un pasillo por su silencio
Lo vacío de una casa por su eco
La tristeza de un sofá con huecos.

Los espacios son, casi todos, tuyos
déjame aquí no iré a ningún lado

nunca lo he hecho

Hoy no ocupas amarrarme.

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