Te aferras a la ventana (sabiendo que no es la única)
a mirar el árbol del que siempre deseaste pendiera un columpio
recargas el temporal en el marco y resbala al cristal
con la inercia de los espacios vacíos
(cómo se puede pensar en tanto mientras se ve tan poco)

cuando niña creías que todo había sido acomodado para ti:
ese árbol
esa casa
esa ventana de cortinas enchinadas

como si dios fuera tramoyista

alejas del cristal tu temporal
dejando una mancha irregular de grasa
la diluyes con el índice, hasta donde puedes

Suena el bip del microondas donde se recupera del mareo un plato de macarrones

de la ventana al comedor existe la distancia: de cuando niña a esa noche
de seis pasos la vences

ya frente a los macarrones y con el tenedor entre los dedos
sabes
que dios renunció el día
que el columpio no amaneció colgado, del brazo musculoso, del árbol de tu infancia

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